La
escuela y la familia suscriben un pacto en el que la primera se compromete de
manera firme a entregarle a la sociedad un individuo competente y
profesionalmente capaz, un sujeto que sea respetuoso de los valores y
tradiciones de la comunidad a la que pertenece, un individuo autónomo,
responsable y con capacidad de modificar lo existente o de legitimar el orden
establecido con base en criterios ético morales y políticos claros.
Para
cumplir con esta función, la escuela se convierte en un lugar de vida; de
continua lectura reflexiva de lo que está pasando en el espacio vital de los
individuos y de si sus interacciones configuran una cotidianidad del respeto,
la negociación, la inclusión.
Es aquí donde
la Construcción de Identidad, un
proceso orientado a configurar un sujeto autónomo. Está articulado y
determinado por su estructuración mental. A través de la toma de conciencia del
sí mismo y del mundo externo, que convoca y enmarca dicha comprensión en la que
el sujeto toma conciencia de sí y, por tanto, tiene actitudes que le permiten
confrontar su espacio vital y reorientarlo hacia el entendimiento.
Como socialización,
hace referencia al proceso de construcción de la identidad individual y a la
organización de una sociedad; como actividad social, se refiere a los diversos
modos de pensamiento que constituyen la coherencia social.
La construcción de
identidad, en ese contexto, hace referencia al proceso a través del cual los
sujetos, hombres y mujeres, se hacen individuos únicos, negocian sus
diferencias con otros y otras diferentes, y constituyen marcos comunes que les
permiten cohabitar conjuntamente un espacio cotidiano, histórico y cambiante.
Así mismo, en la
construcción de la identidad el individuo configura formas legítimas de
convivir y organizar el mundo vital para reestablecerlo, si así lo quiere, como
un espacio de calidad de vida, un espacio vital de la relación y continua
interacción, un espacio para vivir la diferencia y el reconocimiento.
La formación ciudadana,
la cual contribuye a la adquisición de unas habilidades, destrezas,
competencias, actitudes, argumentos y sentimientos humanos que permitan a las
personas (niños, niñas, jóvenes, maestros y demás adultos implicados en la
formación y socialización) pronunciarse, evidenciarse e involucrarse en las
decisiones que afectan sus vidas. Una resultante del proceso de formación
ciudadana está referida a la aparición de un sujeto empoderado, con capacidad
deliberativa y argumentativa.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario